Sabemos leer…pero no escribir

En los años ochenta surgió en Reino Unido un movimiento que defendía un uso del lenguaje claro, breve y que evitara los tecnicismos y las frases hechas. Se llamó Plain English (inglés sencillo) y perseguía que las instituciones públicas se preocupasen por hacer más fácil al ciudadano la comprensión de cualquier información, denunciando la inutilidad de los textos largos y confusos en defensa de lo simple y directo.

Desde su lanzamiento, los integrantes de Plain English, en su mayoría profesores, han corregido más de 21.000 documentos de unas 1.600 organizaciones de todo el mundo, entre ellas varios departamentos del Gobierno británico.

Pero no en todos los países existe esta iniciativa. Según el profesor de escritura español Miguel Janer: “La raíz del problema está en las escuelas, donde no se fomenta la escritura de narrativas que no sean puramente académicas y donde se pone el foco únicamente en la gramática y no en el estilo. Si un alumno comete faltas de ortografía automáticamente se le pone la etiqueta de mal estudiante. La estructura y el orden de exposición de los argumentos no se valoran”, afirma con contundencia.

Otro de los problemas es, según este docente, la creencia de que cuantos más libros se lean, mejor será la escritura. “Es totalmente falso. Hace falta practicar y ser corregido una y otra vez”, apunta.

Para aprender a redactar es necesario fijarse en las construcciones de las frases y ser muy consciente de lo que ha intentado hacer un autor para luego ponerlo en práctica. No basta con leer de corrido y quedarse solo con la trama de la novela.

Desde el ámbito empresarial, tampoco parece que se le dé mucha importancia a la redacción. En los procesos de selección de personal, menos del 50% de los candidatos incluye una carta de presentación. Las compañías apenas tienen en cuenta las cartas de motivación, lo que más valoran es la entrevista.

En Estados Unidos, un estudiante de posgrado de la Universidad de Bekeley, ha diseñado un programa basado en inteligencia artificial que ayuda a redactar buenos textos. “El problema es que los profesores no dedican el tiempo suficiente a explicar a los estudiantes por qué sus textos no son coherentes. Esa falta de feedback no se da en asignaturas como matemáticas o geografía, donde las correcciones son inmediatas “, expone Matthew Ramírez, fundador y CEO de Write Lab, un software que desde su lanzamiento en 2013 ya utilizan 25.000 usuarios en todo el mundo y 53 escuelas de Estados Unidos.

El programa que ha diseñado se basa en el cruce de textos de cientos de libros de diferentes campos (negocios, derecho, medicina…) y en una serie de algoritmos y estadísticas que recomienda un estilo u otro en función de las necesidades del usuario. “No corrige faltas de ortografía, hace sugerencias sobre el uso de otros verbos u otras construcciones que pueden enriquecer el texto o hacer que se entienda mejor”, explica Ramírez.

En dos años, el programa estará disponible en español.

Fuente: El País

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