“Reflejo a punto de romperse en el espejo” un cuento de Florentino Solano

Por Florentino Solano

Te miras en el espejo ovalado del tocador y no ves tu rostro, cubierto de un espeso polvo color triste, sino la niña, Marianita, como te decían las tías cada vez que te miraban cerca, hacía más de diez años allá por la orilla de la colonia San Antonio de Tlapa de Comonfort. Diario te levantaba a chanclazos tu mamá para acompañarla al molino de nixtamal a las cuatro de la mañana para volver antes del alba y así terminar a tiempo las memelas de frijol que debía llevar a vender en el mercado antes de las siete, esa hora en que hombres y mujeres comenzaban a recorrer la ciudad a prisa, como si moviéndose más rápido el mundo avanzara más lento.

¡Mariana, vamos a jugar!

No puedo. Tengo que ir con mi mamá a comprar maíz y frijol, dice que ya no tiene para su venta de mañana.

Ándale, ven con nosotras, vamos a jugar con las muñecas nuevas de Juana, se las trajo su papá del otro lado.

No puedo. Me pega mi mamá. Otro día voy con ustedes, sí?

Tú nunca puedes. Jum!

La única vez que llegaste a ver las muñecas de Juanaᅳdespués supiste que se llamaban Barbieᅳ, te entró por primera vez una envidia horrorosa y un deseo incontenible de robarlas, o mejor, desaparecerlas, esconderlas, para que ni Juana pudiera jugar con ellas. Pero ni para eso tuviste tiempo.

O cuando en navidad, tenías que aguantarte de coraje porque todos los demás niños y niñas estrenaban ropa y zapatos y tú no, tú tenías que usar los huaraches hasta que se rompieran y la ropa hasta desgarrarse sola sobre ti.

Mami, ¿me compras para navidad un suéter como el de Juana? Tiene un vestido lleno de flores y unos zapatos negros que hasta brillan, pero yo sólo quiero un suéter como el de ella. ¿Me lo compras? Te prometo que me levantaré todos los días tempranito y te ayudaré a lavar el nixtamal, ¿sí?

Hija, las cosas materiales no hacen que una sea más limpia de corazón ni más pura de alma. Además, yo a tu edad usaba un trozo de manta, hasta que pude tejerme un huipil con hilos de algodón y me acuerdo que fue todo blanco porque no teníamos hilos de colores.

Sí, mami.

Pero te prometiste que de grande venderías muchas memelas de frijol para ganar más dinero que tu mamá y así comprarte todos los suéteres, vestidos, zapatos y todas las Barbie del mundo. Sólo que a un mes de que cumplieras seis años tu papá se fue para el norteᅳahora sabes dónde queda, antes noᅳ y nunca supiste más de él. Nadie supo qué pasó, porque ninguno de los que se fueron con él volvió ni contactó a sus familiares. Tu mamá lo maldecía cada vez que no le alcanzaba el dinero para los gastos. Tú también lo hacías cada vez que tus compañeros de escuela te pegaban, cuando te zurraban tus hermanos o cuando te caías y te raspabas la rodilla. O cuando sucedió lo de Rufino.

Mami, tú crees que algún día regrese mi papá?

Qué sé yo. Por mí que no vuelva nunca más.

Días después te subió tu mamá a la fuerza a ti y a tus hermanos a un camión que salía para Sinaloa. Nunca fue tu voluntad salir de Tlapa. Si por ti hubiera sido te hubieras quedado ahí hasta de viejita, aunque Juana te presumiera toda la vida todas esas mejores cosas que le compraban constantemente. La hubieras perdonado a ella y a todos los demás que te habían pegado, hasta hubieras perdonado a Dios por dar a unos mucho y a otros nada. Todo es su culpa, el ahogamiento de tu hermanito Julián en el canal del Campo 17 de Sinaloa, el caliente sol entre las plantas de tomate y chile, los mosquitos en tiempos de calor, los terroríficos menonitas de Casa Grande, Chihuahua, los acostones de tu mamá con el contratista casado, los viernes de raya, los elotes con chile y limón, los ceviches sin cebolla porque la cebolla te hacía temblar el estómago, los cines que pasaban películas de Agustín Bernal, las inyecciones de penicilina a medianoche porque ya no podías respirar. La culpa es de tu papá que se fue para el norte y murió en el camino, o llegó a su destino y simplemente no quiso volver o quién sabe qué. La culpa es también de tu mamá que dejó le venta de memelas de frijol y decidió venirse para el norte a dizque hacer dinero. La culpa es de Rufino, maldito Rufino. ¡Mil veces maldito!

ᅳ¿Cómo estás, Marianita, te ayudo con la caja de tomate?

No, gracias, don Rufino.

ᅳ¿Qué haces, Marianita, te acompaño a la tienda?

No, gracias, don Rufino.

¿A dónde vas, Marianita, a la feria? Te pago la entrada para el circo, vamos.

No, Rufino, y no me moleste porque le voy a decir a mi mamá.

Jajaja. ¿Y qué me va a hacer tu mamá, eh? Ay, Marianita, Marianita, lo que tú necesitas es un hombre que te cuide.

Por favor, don Rufino, no me toque así. ¡Déjeme en paz! ¡Me está lastimando el brazo! ¡Mamá!

¡Grita todo lo que quieras, mocosa, con el ruido del circo y la feria nadie te va a oír! Más te conviene cerrar la boca y disfrutar mi compañía. Mamacita, pero si ya estás para la cena. Pinche, escuincla, qué linda estás.

Mil veces maldito Rufino. Mil veces maldita tu mamá que no te creyó cuando llegaste al cuarto toda adolorida. Mil veces maldito tu padre que se fue y nunca volvió. Mil veces maldita Juana y sus Barbie.

A partir de ahora nada volverá a ser igual. Y esa es la idea. ¿Quién querría volver a vivir lo que tú has vivido? Nadie. Por eso ahora todo será diferente. Gracias a la virgencita porque conociste a Martín en Facebook, un hombre bueno, que te quiere, que te ofreció un futuro, que te abrió las puertas a la vida y no al sufrimiento como lo hicieron todos los demás.

Entonces, ¿qué, Mariana? ¿Cuándo voy por ti a San Quintín?

No sé, Martín. Es que mi mamá me va a matar.

No te va a matar porque ni siquiera le vas a decir. A poco no te gustaría conocer Tijuana. Aquí la vida está llena de cosas maravillosas: ropa de marca, dólares, diversión. La vida en Tijuana es maravillosa. Tú puedes ganar mucho dinero acá.

Pues es que apenas te conozco, sé que hemos platicado por teléfono y que nos hemos mandado fotos y la verdá me gustas mucho pero pues no sé… me siento nerviosa.

Bueno, como quieras. Tú te lo pierdes, porque una oportunidad como ésta jamás la volverás a tener ni en toda tu vida. Te lo aseguro.

Es que no sé… bueno, está bien, pero si por cualquier cosa no me gusta me regreso de volada para San Quintín, ¿sale?

Sale. Mañana voy por ti. Te espero en el parque de Lázaro Cárdenas, a la una de la tarde. Ahí espérame, justo por el quiosco.

Sabes que hiciste mal. Pero qué más da. De todos modos la vida apesta. Tu mamá ha de estar maldiciéndote porque no apareces, pero para que se le quite. Y además te dijo Martín que nada de celular ni intentar escapar porque terminarás en una alcantarilla con la garganta cortada, así que mejor hacerle caso. También te dijo ayer que no vas a ganar nada más que para la comida y que no te quejaras porque la vida en Tijuana es dura. Que aquí sobreviven los fuertes, no los débiles.

Te miras en el espejo ovalado y sólo ves el reflejo de tu vida pasada. Sientes ganas de llorar y para evitarlo te das dos bofetadas. Te preguntas para qué llorar, puede que el futuro sea mejor que el pasado. Retocas el maquillaje de tus mejillas, regresas a la cama, le das un beso al cliente recostado en la cama, te ajustas el vestido y sales afuera donde ya te espera Martín para llevarte con otro cliente.

Ya en el coche le pides a Martín que te regale en navidad muchas Barbie. Él te responde que está bien. Te pone entre los labios su cigarro, aspiras lentamente para después golpear el humo contra la ventana de tu costado. Luego piensas que seguro te está dando el avión, pero qué importa, sabes que de esperanzas está hecho el mundo.


Florentino Solano (mixteco) nació el 31 de octubre de 1982 en Metlatónoc, Guerrero, en 1982. Ha publicado los libros Todos los sueños el sueño (Secretaría de la Juventud de Guerrero, 2003), el poemario en su lengua materna La Luz y otras noches (CDI, 2012) y Cerrarás los ojos para no ver (ICBC-CONACULTA, 2013). Actual becario de PECDA Baja California. En 2003 recibió el premio al mérito Civil Juvenil José Azueta del gobierno del estado de Guerrero. En 2009 recibió el Premio San Quintín Joven, en Baja California. Fue uno de los invitados al Encuentro de narradores “Cuento Comala”. Actualmente vive en San Quintín, Baja California, donde combina el gusto por la literatura con la música, la jornada agrícola y la familia.

Florentino Solano fue uno de los participantes del Encuentro de Escritores Cuento en Comala 2016.

Fuente: Skribalia

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