¿Es el Blue Monday el día más triste del año?

Desde hace una década, se bautizó al tercer lunes de enero como ‘Blue Monday’ y se le considera el día más deprimente del año, una “tradición” que comenzó en los Estados Unidos y que ya se ha adoptado en medio planeta.

Pero, ¿científicamente es cierto? ¿Se puede justificar que haya un día que sea deprimente? ¿es un engaño para conseguir más consumo?

“No tiene justificación científica alguna. Es pura pseudociencia y como tal pocas palabras más merece”, sentencia el neurocientífico Francisco Mora, catedrático de fisiología humana en la Facultad de medicina de la Universidad Complutense de Madrid y autor, entre otros, de “¿Es posible una cultura sin miedo?”.

¿De dónde surge el concepto de “Blue Monday”?

El “Blue Monday” nació en 2005, cuando un canal de televisión de los Estados Unidos lanzó una campaña publicitaria para promocionar viajes. En la campaña aseguraban que los científicos habían calculado mediante una compleja fórmula matemática, en la que incluían conceptos como deuda, motivación, tiempo y otras variantes arbitrarias, cuál era el día más deprimente del año: y así, sin más, salió el tercer lunes de enero. Desde entonces, este día se le asocia al consumo ya que para muchas personas, ir de compras ‘alivia’ aunque sea de forma temporal un estado de ánimo bajo. Con lo que tenemos otro invento del marketing para incitar al consumo.

Si que es cierto que el mes de enero puede resultar emocionalmente más difícil a algunas personas ya que haber menos luz solar y se sabe que la falta de luz puede producir depresión. De hecho, uno de los tratamientos más aplicados en países nórdicos es poner a las personas que padecen esta enfermedad delante de unos focos especiales que aumentan la luminosidad para estimular así su estado de ánimo.

También el frío puede ser otro factor que afecte de forma negativa, con lo que puede haber alguna razón para que en enero o en invierno en general nos sintamos algo más alicaídos. Ahora bien, de ahí a que un día en concreto sea el más deprimente del año hay un buen trecho y no deja de ser una enorme falsedad.

La falsedad del “Blue Monday”

Cómo hemos demostrado, el “Blue Monday” es un bulo, una falsedad que carece de cualquier base científica. Y nos preguntamos, ¿por qué se sucede? ¿por qué hablamos de él cada año y hay personas que afirman sentirse peor emocionalmente ese día?

“Hay individuos que son más susceptibles de dejarse influir por creencias, por mentiras, que otros, como que el martes y 13 trae mala suerte e incluso deciden no tomar un avión ese día”, explica Igancio Morgado, catedrático de psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Y en esa susceptibilidad influyen en cierta medida algunos factores genéticos que nos hacen más vulnerables a las creencias.

¿Por qué creemos lo que creemos?

Para entender por qué pensamos como pensamos y creemos en lo que creemos, tenemos que entender cómo se estructura el cerebro. Nuestro pensamiento se divide en, por un lado, el reflejo, automático e inconsciente, que utiliza las partes más antiguas del cerebro, como el ganglio basal, implicado en el control motor, y la amígdala, relacionada con las emociones. Y por otro lado, el deliberativo, más reciente, encargado de considerar nuestros objetivos; para emplea el córtex prefrontal, una estructura cerebral muy reciente, que se encarga de los comportamientos cognitivos complejos, como la toma de decisiones.

Y aunque creemos que nuestras decisiones se basan en hechos objetivos, a menudo están tamizados por nuestro sistema ancestral, y tendemos a prestar más atención a aquello que encaja con nuestras convicciones que a aquello que las desafía. En un estudio realizado con hombres y mujeres, se les hizo leer un informe en el que se afirmaba que la cafeína era peligrosa para las mujeres. A los hombres, aquella información les era indiferente; y las mujeres que bebían mucho café eran más proclives a desconfiar del estudio que las que no bebían o lo hacían moderadamente.

La capacidad de razonar críticamente es un producto reciente de la evolución. Nuestros antepasados creían lo que veían. Y eso funcionaba. La primera maquinaria del cerebro se basaba en las percepciones, en el hecho de que un alto porcentaje de lo que vemos es cierto. El problema surge cuando empezamos a creer en cosas que no vemos.

En nuestro mundo actual, casi todas las cosas en las que creemos no las hemos visto directamente. Adquirimos creencias a partir de amigos, familiares, y sobretodo la información que encontramos en Internet. Es la clave que nos permite construir cultura, pero también de creernos a veces, cualquier cosa.

Fuente: ToreoWeb

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